Y desde hace mucho tiempo había tenido el deseo de vivir justo de la forma contraria... sin tocar el volante, pero sin soltar el acelerador, lo que es perfecto cuando lo que más quieres en el mundo es perder el camino y descarrilarte, solo por el deseo de enfrentarte a algo que no esté bajo tu control, que no sea tan simple, tan cotidiano, monótono...
Pero es un error, vivir así, no es la única forma de evitar la monotonía, y mucho menos la más eficiente, porque tarde o temprano te alcanza y te obliga a destruir la vida que te has construido...
Y ya no quiero huir de ella, porque en realidad no te persigue, ni te alcanza, sino que se lleva en el interior, te nubla la vista, te hace desear siempre más, te hace actuar con prisa, te obliga a avanzar frenéticamente a una velocidad que el mundo no puede seguir, que no debe seguir, porque el que se estrellará en el árbol al final debes ser solo tú, sin arrastrar a nadie.
Tarde o temprano notas que no hay nada detrás de ti, sino en tu mente, que la prisa que te destruye está solo en ti, así que tarde o temprano dejas de culpar a quien no puede seguirte, y aceptas que tu prisa es el problema.
Dejas de pensar que detenerte es un error, y te quedas con quien te ayuda a calmar esa tormenta que llevaste siempre, quien te ayuda a ir más lento, porque te enseñó a disfrutar el "paso a paso", porque nunca se soltó de tu brazo aunque al principio la arrastraste...
Pero no es tan sencillo, a veces aún hay truenos, y ensordecen, es más fácil olvidar que aprender, y es mas fácil pisar a fondo y confiarse en la inercia, pero paso a paso, todo se logra, esa es la lección, sin detenerse, pero ahora sin estrellarse...
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