Son ya demasiadas ocasiones en que sólo quiero salir corriendo, sin un punto fijo al cual llegar, es bastante cómodo estar siempre a la deriva (click aqui para ver esa entrada), es simple no sentir un compromiso hacia nadie y hacia nada, es fácil sólo alejarse de cualquier dificultad, abandonar todo proyecto difícil y simplemente no mirar a la creciente nube de sueños que se van quedando atrás mientras te mueves...
Sí, es más cómodo, más simple, más fácil, pero nunca será lo que quiero.
Es cierto, es una forma de no detenerse, pero es una forma de no detenerse que se contradice a sí misma, pues después de los últimos dos años que he vivido a éste ritmo, descubro que sí, sigo moviéndome, pero en círculos, y ahora que miro a mi al rededor para pensar un poco, me descubro en la misma situación que hace dos años, escolar, laboral, quizá hasta sentimentalmente, y me pregunto cómo fue que volví a éste punto?
La respuesta está ahí, caminar sin rumbo me trajo al mismo lugar, esa tendencia reciente a escapar o desertar, me arrastró hacia el cómodo terreno conocido en el que he vuelto ahora, y de nuevo me doy cuenta de que no detenerse, no significa escapar, y lo único que he hecho hasta ahora, es fijar grilletes en mis pies que me mantienen en el mismo semestre, en el mismo lugar, con las mismas ideas...
Dicen que aceptar un problema es el primer paso para resolverlo, es una estupidez, aceptarlo no significa nada, acciones, acciones son lo que hace falta, empezar por algo sencillo, retomar un pequeño proyecto, terminar de leer un libro, escribir de nuevo en este blog es en sí retomar uno de mis proyectos, sigue terminarlos, liberarme de los pequeños grilletes uno a uno, y entonces comenzar con los grandes y pesados.
Y sí, tal vez algún día decida irme,pero no quiero escapar, esa nube de sueños estará cumplida para entonces, y si he de irme en algún momento, será por la puerta más grande.
1 comentario:
Una vez mi hermana me dijo palabras que fueron un bálsamo para mi alma.
Olvidé el amor a las ideas y a mi carrera. No quería leer, escuchar música, hablar, sonreir. Olvidé vivir. Y una vez le dije a mi hermana:
"Siento que estoy metida en un camino borrascoso y que frente a mí hay un gran tronco que no puedo mover, que no quiero mover. Ya no puedo caminar. No sé para dónde ir".
Ella respondió: "No. El tronco está ahí para que te sientes sobre él a descansar y después continuar tu camino".
Jamás olvidaré la contundencia de esa frase...
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