Hace ya tiempo, por medio de un amigo conocí el mito del carro alado, de Platón, en el que habla de que nuestra mente es como un carro, guiado por un caballo blanco que nos dirige siempre hacia la luz, la paz, y la sabiduría. Pero también está guiado por otro caballo, uno negro, que nos arrastra hacia la tierra, lo mundanal, hacia abajo, y hace que nuestro carro pierda las alas... puedes encontrar el mito completo aquí.
Pero entramos de verdad en un conflicto con cada decisión que tomamos? A veces parece muy obvia la respuesta a cada pregunta, el camino más seguro, el que te lleve a la resolución infalible del problema sin consecuencias riesgosas, el caballo blanco...
Pero qué tal si te inclinas por apostar un poco?
Qué tal si prefieres seguir al caballo negro?
O en términos de una reciente conversación, qué tal si prefieres jugar el Shock?
El problema es que a veces aunque quieras apostar, no lo haces, conoces demasiado bien lo "correcto o incorrecto", ese caballo blanco comienza a parecer un estorbo, al grado de que sabes (tú y quienes te rodean y también te lo dicen) que piensas demasiado antes de hacer cualquier cosa, y eso se convierte en un problema cuando tienes que escoger entre chocar y detenerte, porque prefieres chocar pero esa prudencia te obliga a detenerte...
Y de ahí surge la importancia de la frase de los dados que usé en esta entrada, que podría entenderse como "deja de pensar, comienza a actuar, las consecuencias ya no importan", porque para qué jugar el volcanic, si eso solo provoca el fin el juego? Si has seguido el camino seguro por tanto tiempo, lo que más necesitas es algo de azar, aunque sepas que no es lo más sensato, y solo te queda esperar tener la inercia suficiente para hacerlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario