Cuando entiendes que tu filosofía se ha vuelto una carga que lejos de tenerte satisfecho, se ha convertido en un monstruo insaciable que no importa cuánto lo alimentes, ni lo rápido que te muevas, siempre quiere más, también entiendes que no puedes seguir luchando, pero tampoco puedes dejarlo ganar.Al descubrir todo esto, supe que obedecer ciégamente el impulso por no detenerme, no es la mejor forma de lograr todo lo que quiero, como si algo me persiguiera de cerca, como si tuviera que hacerlo bajo un tiempo límite, perdiendo gente por no dejar que me conozcan, y aun así seguir a la deriva...
Y sé que no puedo cambiar todo esto yo solo, a veces sueñas a una altura a la que solo un demonio te puede llevar, lo cual convierte a mi más grande problema, esa necesidad de seguir en movimiento, ya no en un enemigo, sino en un aliado, el secreto es controlarlo para que me lleve en su lomo a donde yo quiera, y no dejar que me lleve en sus fauces a donde él quiera, como ha sido hasta ahora, esa es la diferencia entre esclavitud y simbiosis, ese es el cambio de perspectiva en mi.
Sé lo que quiero hacer y me tomaré el tiempo que haga falta para hacerlo, no ahora que voy contra reloj, no para huir, no por el simple hecho de moverme, será por el gusto de realizar imposibles, no por la necesidad de encontrar algo posible. Y si he de perder gente, será porque llegaron a conocerme y no les gustó lo que vieron, ya no por lo contrario.
Así termina esta fase de the eternal rain, ya no más hablar del demonio, la tormenta, el muro, la inercia, el mar, no más guerra... no más hablar de mi entropía mental...
Aunque la falta de guerra, no significa paz.
1 comentario:
Tienes razón, "[...] la falta de guerra, no significa paz".
A veces la tranquilidad también inquieta demasiado.
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